El comercio de personas genera unos ingresos anuales de 32.000 millones de dólares en todo el mundo y el 85 por ciento de ese dinero proviene de la explotación sexual, que sólo en América Latina y el Caribe captó 100.000 víctimas durante el año pasado.
Los datos se desprenden de un informe de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) facilitado a EFE por su director regional para el Cono Sur, Eugenio Ambrosi, quien declaró que una mujer puede ser "vendida" a una red de explotación sexual por entre cien y 1.600 dólares.
Las víctimas de las organizaciones que trafican con personas para obligarlas a ejercer la prostitución aportan unas ganancias netas anuales de 13.000 dólares a sus explotadores, dijo el funcionario italiano.
Los ganchos
El estudio de la OIM, que se ha centrado en Argentina, Chile y Uruguay, revela que las víctimas suelen ser mujeres de clase social baja, que viven en un ambiente de marginalidad al que suele sumarse un entorno familiar inestable y un precario nivel educativo, lo que reduce sus posibilidades laborales y las predispone a migrar y a caer en engaños.
Los ganchos para atraer a estas mujeres son diversos, pero en la mayoría de los casos se trata de otras mujeres que están relacionadas de alguna manera con su ámbito familiar y en las que la víctima confía, como vecinas o incluso miembros de su familia, que les ofrecen una oferta de empleo bien remunerada en el extranjero o en su país pero lejos de sus parientes.
Los captadores también recurren a tácticas como la publicación de anuncios, en los que no se especifica claramente cuál será el trabajo a desarrollar, casting para trabajar en el mundo de la publicidad o como modelos, o incluso el secuestro.
En la mayoría de las ocasiones, los tratantes proponen a las víctimas hacerse cargo de los gastos del viaje, por lo que las mujeres cuando llegan a su destino ya cuentan con una deuda contraída.
De capatadas a agentes
Ambrosi destacó que las víctimas de trata pueden llegar a convertirse en tratantes o explotadoras, bien por coacción o como resultado de los abusos sufridos, y que al menos el 50 por ciento de las mujeres no son conscientes de su condición de víctimas.
Aparte de los agentes directos, en la trata también intervienen los secundarios, que con su colaboración implícita o con su indiferencia hacen posible este tipo de prácticas, como conductores de taxis, funcionarios públicos, policías, jueces y políticos.
La relevancia de algunas de las personalidades implicadas en el proceso dificulta la declaración de las víctimas y la interposición de denuncias, y en la actualidad no existe en Argentina, Chile y Uruguay un sistema de protección para éstas, porque esta práctica no es considerada un delito y los explotadores deben ser juzgados por otras causas.
De todas las edades
La trata sexual de personas en Argentina registró 47 causas penales durante 2006, de las que el 30 por ciento correspondieron a menores de edad y entre el 50 y el 60 por ciento a mujeres de entre los 18 y los 24 años de edad.
Asimismo, se registraron cuatrocientas denuncias por desaparición en este país durante el pasado año, de las que la mayoría corresponden al perfil de las mujeres secuestradas para la trata sexual.
El informe revela que la provincia de Tucumán (nordeste de Argentina) es en la que más se recurre al secuestro para el reclutamiento.
En Argentina se da un predominio de la trata interna, pero también se presenta como un país de tránsito de mujeres latinoamericanas a Europa y como lugar receptor de dominicanas y paraguayas, destacó Ambrosi.
Un 52 por ciento de los 118 casos de paraguayas víctimas de trata sexual analizados por la OIM en 2005 tuvieron como destino Argentina.
Chile se presentó en el año 2006 como país de destino para el 40 por ciento de mujeres argentinas, el 25 por ciento de peruanas, el 24 por ciento de colombianas, el 5 por ciento de chinas y el 2 por ciento de mujeres dominicanas, brasileñas y ecuatorianas.
El estudio de la organización también revela que Uruguay no es un país de destino de víctimas de trata con fines de explotación sexual, aunque se han registrado algunos casos de mujeres argentinas y brasileñas, pero sí es exportador hacia países como España e Italia, y en menor medida a países como Argentina y Alemania.
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