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Con recursos propios de la familia Scarpetta, una de las más tradicionales de Cali (suroeste), así como con donaciones del sector privado de Colombia y de particulares, dicha Fundación puso en marcha en marzo de 2007 la Orquesta Sinfónica Juvenil Notas de Paz, como estrategia para reducir los índices de violencia en los barrios marginales de esta roja ciudad.
Niños cuyos padres han actuado como sicarios del narcotráfico o que han sido agredidos sexualmente figuran entre los integrantes del colectivo musical, que en sólo nueve meses ha llegado a interpretar composiciones como la Oda a la Alegría, de Beethoven, y la Overture Classique, de Elliot A. Del Borbo.
“En la actualidad tenemos un niño que es hijo de un sicario y otra que fue violada cuatro veces en una semana por su propio cuñado, y que por eso no quería tener un hombre como profesor, pero creemos que Cali y estos niños tienen mucho más que mostrar”, dijo a Efe Consuelo Scarpetta, miembro de la Junta Directiva de la Fundación.
Cambia armas por música
Bajo el lema “un niño que toca un instrumento jamás empuñará un arma”, Notas de Paz capacita a 120 menores de entre cinco y 15 años de edad y de cuatro escuelas del barrio Bellavista, ubicado en las laderas del suroeste de la ciudad.
Bellavista es uno de los 36 barrios que integran la denominada Comuna 19, que tiene más de 120.000 habitantes, el 60 por ciento de los cuales vive con menos de dos dólares al día, y en el que los niños están expuestos a agresiones por parte de pandillas juveniles, drogadictos y delincuentes.
Es allí donde Notas de Paz cuenta con una sede arrendada en la que diez profesores especializados en violines, violonchelos y violas buscan alejar a los menores del sector de los peligros que los rodean.
“Tenemos instrumentos de viento, pero aún nos faltan varios de cuerda y percusión”, dijo Scarpetta, quien agregó que la Fundación busca, en Nueva York y Londres, más recursos para su eficaz funcionamiento.
“La idea es que una persona o empresa apadrine a cada uno de estos niños y done mensualmente 50.000 pesos (unos 25 dólares) para su sostenimiento”, para lo cual también se recabará apoyo en Madrid.
Actualmente sólo 38 de los 120 niños están apadrinados, recordó Scarpetta, y explicó que algunos de ellos son hijos de familias desplazadas por la violencia.
Metas a futuro
La directora administrativa de Notas de Paz, Marcela Piedrahita, manifestó que la idea es llegar a 2010 con 150 niños -que es la cantidad necesaria para una sinfónica- tocando y conformar dos grupos similares en Terrón Colorado y Siloé, otros dos barrios marginales de Cali, “pero para eso hacen falta más recursos”.
Scarpetta precisó que el presupuesto por cada menor es de 3.848 dólares anuales, y el correspondiente a profesores y personal administrativo no baja de 166.900 dólares al año.
Para recaudar fondos para esta iniciativa, Notas de Paz se ha presentado en diversos conciertos pagos.
“A mi mamá le gusta que yo esté acá porque aprendo muchas cosas y porque no ando en la calle como antes”, dijo Julieth Vidal, de 14 años, una de las alumnas más destacadas del violonchelo, instrumento que hace 10 meses no conocía.
Sueños de un novel músico
Para John Alexander Arias, de 15 años, integrante de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nota de Paz en la ciudad de Cali, la posibilidad de que sus padres lo vean tocar en público lo alegra, pero también lo pone nervioso.
Arias sueña con estudiar música a nivel superior dentro de unos años, cuando Notas de Paz pueda ofrecer también becas a quienes prefieran tocar un instrumento en vez de empuñar un arma.
Casos como el de Arias y otros 120 niños ahora ocupan a la Fundación Scarpetta, para crear una ciudad mejor.





