DESDE CARACAS.- No ha respondido Cilia Flores, presidenta en ejercicio de la Asamblea Nacional, en medio de toda suerte de amenazas, ardides y fuegos artificiales de la retórica, eso que los mexicanos llamaban “lo mero principal”, si es o no verdad que los 10 empleados de la Asamblea Nacional señalados en las notas de Pedro Pablo Peñaloza y Cecilia Caoine son o no son familia de ella.
No lo hace por una razón muy sencilla: sí lo son.
Porque se siente guapa, porque piensa que no tiene porqué tiene rendirle cuentas a nadie, Cilia Flores ha usado su poder para llenar la nómina del Poder Legislativo con sus hermanos, primos y parientes, saltándose todos los procedimientos administrativos previstos y riéndose de las formalidades de los concursos de oposición previstos por los reglamentos.
Una práctica que recuerda los peores momentos del antiguo reinado de Acción Democrática y retrata, como país, cuán hondo estamos hundidos en los pantanos del tercermundismo: ni siquiera logra que alguno de los vergonzosos parlamentarios que tenemos calentando puestos en el Capitolio Federal pida adelantar una investigación, o exija una explicación con el objeto de disimular.
Cilia Flores tampoco se toma la molestia. Lo que hace es lo que hacen todos los chavistas cuando se les hace algún señalamiento o se les señala alguna de sus las múltiples inconsistencia de su discurso patriotero y farsante: descalificar personalmente a quien formula la denuncia, cantar consignas y presuponer que, como ella resolvió que es revolucionaria, tiene todo el derecho a abusar lo que a ella le dé su real entender.
Pedro Pablo Peñaloza, de El Universal, y Cecilia Caoine, de El Nacional, son -y puedo dar fe personal de ello- dos excelentes e íntegros periodistas, incapaces de levantar de manera deliberada un falso testimonio de forma deliberada o de hacer pública una denuncia de esa gravedad si no les asistiera algún elemento de juicio.
En lugar de insultarlos, Flores debería comprender que, como funcionario público, está obligada a rendir cuenta de sus actos ante la opinión pública.
En algún momento, como ha ocurrido en el pasado, el país, las circunstancias, le van a cobrar al actual elenco político que hoy gobierna sus múltiples tropelías y violaciones a la legalidad.




