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El sociólogo José Gregorio Guerra, a cargo del estudio, usó el resaltador sobre unas cifras que le parecen significativas: 46% de los estudiantes encuestados han participado en actos violentos y otro 53% de los jóvenes, aunque no intervienen en estos, igual los han visto. Es así como se explica que los jóvenes internalicen después que “los mecanismos de resolución de toda clase de conflictos dentro de los planteles son violentos”.
La investigación recorrió 32 planteles en Catia y otros 22 liceos en Petare, los dos municipios que ostentan el reconocimiento de ser los más violentos en Caracas, según el informe del propio Ministerio del Interior y Justicia (MIJ). Las visitas se hicieron para encuestar a 294 estudiantes de los tres primeros años de bachillerato (séptimo, octavo y noveno grado), y a otros 245 profesores de esos planteles.
Las conclusiones mas que presentar abultados porcentajes, parecen lecciones sobre los puntos donde deben encenderse las alarmas ciudadanas.
Dos de cada 10 estudiantes se encontraron con armas en sus planteles. Dos de cada 10 estudiantes vieron sustancias psicoactivas como alcohol, cigarrillos o incluso, marihuana, cocaína, chimo y crack.
“Todos sabemos que el alcohol y el cigarro se consideran carta de entrada para otras sustancias, por eso no podemos pasar por alto estas menciones”, advirtió el investigador Guerra durante la presentación del estudio que se realizó entre noviembre de 2008 y febrero de este año.
Sin importar que tan sólo se trate de pocos estudiantes, los datos son más bien una confirmación de la situación que se vive en un cúmulo de instituciones educativas del país.
La Dirección Nacional de Prevención del Delito del MIJ, de hecho, maneja denuncias de ataques a personas con armas blancas o de fuego, así como de tráfico de drogas en pequeñas dosis que ocurren dentro de los planteles.
No en vano, en enero pasado esa oficina juramentó a 450 niños entre 9 y 13 años como brigadistas escolares para que actúen en Caracas. Su misión es contribuir con la prevención del delito, hasta que se terminen de formar el grupo de 10 mil docentes con los que el Ministerio de Educación aspira a contribuir con la erradicación de la violencia en las escuelas públicas.
Celulares para el sexo
Otro de los apuntes hechos tanto por profesores como estudiantes es la ocurrencia de actos sexuales dentro de las instalaciones del plantel. Los salones de clases, los pasillos de los liceos y los baños son los lugares donde se estarían iniciando sexualmente, entonces, muchos de los adolescentes.
17% de los jóvenes y 20% de los docentes reconoce haberlos presenciado y más importante, ambos actores coinciden en que estos capítulos en muchas oportunidades fueron documentados en video a través de celulares o cámaras.
El hito no sólo marca la apropiación de nuevas tecnologías, sino también la existencia de material que fácilmente puede exponerse y violentar así la Ley de Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente.
Armas blancas
Los estudiantes encuestados detallaron que los cuchillos encabezan la lista de las armas vistas en los planteles (70%), mientras que las pistolas y revólveres ocupan el segundo lugar (40%). Después siguen las botellas (16%), cadenas (8%) y chopos (4%).
De interés
25% es el incremento de la violencia escolar en estos primeros cinco meses del año, en comparación con el año 2008. El reporte lo ofreció Edwin Rojas Mata, director de la Oficina Nacional de Prevención de Delito del MIJ, durante los primeros días de mayo.
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