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16/08/2009 
NACIONALES
“Cualquier medio está justificado contra el comunismo de Chávez”
Siempre que el fin sea noble, vale lo que sea para alcanzarlo. Al menos eso es lo que plantea el economista e integrante del Cedice, quien apela a una interpretación suavizada de Maquiavelo para validar toda acción de freno al totalitarismo que -advierte - avanza sobre Venezuela

IGOR MOLINA

Marlon Guzmán / Archivo
CADUCIDAD. Emeterio Gómez asegura que en América Latina el tiempo de la izquierda ya pasó
CARACAS.- Está adusto y en bluyines en un bullicioso café, a pocas cuadras de su casa en Los Palos Grandes. No alcanzó a llegar al sitio originalmente pautado para la entrevista: su oficina en Cedice, centro de opinión responsable de una de las campañas más agresivas y controvertidas de los últimos años en torno al tema de la propiedad privada. Emeterio Gómez –inicial simpatizante de la izquierda masista por allá por los setenta- posee la ferocidad del converso. Cada una de sus afirmaciones exhala el olor del profeta en el desierto.

Fines de fines
-En un programa de Globovisión se le escuchó decir que el fin sí justifica los medios. Los militantes de la oposición radical -convencidos de que el gobierno no se detiene a la hora de encontrar los medios para implementar su proyecto político- parecían recibir, ética y políticamente, su bendición.
-La clave está en el “parecía” que tú pones en la pregunta porque es absolutamente imposible justificar lo que hace este régimen.

-Pero usted lo justifica con su afirmación.
-En absoluto

-Usted dijo que el fin sí justifica los medios
-Pero mi respuesta contundente es cuando ese fin tiene algún sentido. Por ejemplo, cualquier cosa para fortalecer la democracia o impedir el comunismo –que es el caso de Honduras- justifica un golpe de Estado. En otras palabras, el fin justifica los medios cuando ese fin es noble. Cuando no lo es, no se justifica. Cualquier medio que se utilice para enfrentar el comunismo totalitario de Hugo Chávez está perfectamente justificado.

-Ese criterio contradice la democracia. Esta se sostiene sobre bases éticas que deberían ser superiores frente a las de cualquier otro régimen. Qué responde a los que se preguntan quién puede creer en bases éticas superiores de un gobierno como el norteamericano que, en nombre de la lucha antiterrorista, secuestra, tortura y tiene en un limbo jurídico, sin acceso a abogados defensores, a sus presos políticos en Guantánamo?
-Eso de bases éticas en la civilización occidental es una absoluta pendejada. Desde que Maquiavelo dijo que el fin justifica los medios, se ha satanizado esa frase de infinitas maneras. Cualquiera se asusta en cuanto le dicen que pudiera estar apegándose a esa idea, cuando en realidad todo el mundo, a la hora de actuar, hace exactamente lo mismo que cualquier ser humano con dos dedos de frente. Si usted, para salvarle la vida a 100 personas tiene que matar a 10, y usted se niega a matar a esos 10, usted verá qué hace cuando mueran las 100 personas que usted pudo haber salvado. En una guerra contra el terrorismo (contra un terrorismo dispuesto a matar y a torturar sin el menor titubeo), ponerse a respetar los derechos humanos y la democracia es muy hermoso. El problema básico, a mi entender, es que Occidente no ha llegado a asimilar en serio que la guerra contra el terrorismo es de verdad una guerra y el problema que tenemos que plantearnos es si en una guerra, explícitamente aceptada como tal, es decir donde sus soldados van a morir masivamente, usted tendrá que respetarle los derechos humanos a los soldados del bando contrario. Recomiendo en este sentido el extraordinario libro de André Glucksman, “Occidente contra Occidente”.

-Su planteamiento es enteramente funcional pero no sirve para defender lo que se supone sea un sistema político superior como la democracia. Porque si el fin justifica los medios, se justifica para todo el mundo. De modo que nazis y comunistas, derechistas e izquierdistas –todos, absolutamente todos- podrían considerar sus fines como legítimos y hacer lo que más les convenga. ¿Por qué objetar a los nazis y sus cámaras de gas tan eficientes para conseguir sus fines de limpieza racial? ¿Por qué objetar a Stalin y Pol Pot? Todos justificaban sus fines.
-Vamos a ponernos de acuerdo en algo. De la proposición “El fin justifica los medios” no se deduce que todo fin justifique todo medio.

-¿Y quién avala los fines?
-Esa proposición lo que quiere demostrar es que algunos fines justifican algunos medios y la pregunta tuya es pertinente: ¿Quién avala los fines? Y la respuesta no podría ser más contundente y más sencilla: nadie. Porque precisamente la civilización occidental vive una crisis moral, radical, en la cual nadie puede enarbolar valores morales absolutos. Cada quién tiene que evaluar si justifica o no los crímenes de Hitler, cada quién tiene que evaluar si justifica, no sólo los crímenes sino las estupideces del comunismo, concretamente de Stalin, Mao, Pol Pot y Fidel Castro. Cada quien tiene que evaluar si ante la posibilidad de instaurar el comunismo en Chile por parte de Salvador Allende se justificaba o no el golpe de Estado de Augusto Pinochet.

-¿Y usted cómo evalúa esta última cuestión?
-Ante la certeza de que Chile iba hacia la destrucción radical de la sociedad chilena...

- Pudiera decirse de la sociedad de clases chilena...
-De la sociedad chilena –tal como está ocurriendo hoy en Venezuela- yo justifico plenamente el golpe de Estado de Pinochet.

-Del otro lado de la acera se afirma que detrás de esa supuesta lucha contra el comunismo en América Latina, lo que sale a la luz es la defensa cerril de los intereses norteamericanos, únicos beneficiarios de los mercados, de las materias primas, de la explotación de esta parte del mundo.
-Como tú incluiste la palabra cerril, déjame decirte que esa tesis según la cual la lucha contra el comunismo sería una defensa del imperialismo norteamericano, es una tesis que tenía algún sentido antes de 1989. Después de 1989, la lucha contra el comunismo es claramente una lucha contra un modelo de sociedad absolutamente inviable cuyo único desenlace es destruir las bases más profundas de cualquier sociedad, en cuyo caso –aún si fuese cierto su tesis acerca de los intereses de los EE UU- los latinoamericanos tendrían que escoger entre dejarnos explotar por los EE UU o la destrucción radical de nuestras sociedades, tal como ocurrió en Cuba, que a los 50 años de la revolución comunista están viendo cómo regresar al capitalismo explotador y miserable, exactamente lo mismo que ha ocurrido en China comunista.

- ¿Ama la sociedad de clases?
- Ese es un concepto que hoy ya no tiene ningún sentido. Una sociedad sin clases, plenamente igualitaria, es absolutamente inviable. Simple y sencillamente porque entre los seres humanos existen diferencias que si nos empeñamos en dejar de lado, terminaremos produciendo una aberración como la que se produjo en la Unión Soviética. Yo amo una sociedad en la cual quienes más aporten a la generación del ingreso nacional reciban más que aquellos que aporten menos, lo cual no impide que éstos últimos puedan ser objeto (tal como ha ocurrido en las sociedades capitalistas avanzadas desde finales del siglo XIX, cuando se instauró el Welfare State) de cuantas medidas de redistribución del ingreso puedan ocurrírsenos.

- ¿Chávez ha redistribuido el ingreso nacional?
- De ninguna manera. Es posible que haya logrado alguna redistribución circunstancial al costo desproporcionado de acabar con el aparato productivo interno y, lo más importante, al costo de reforzar en nuestra masa pobre el hábito de vivir de las limosnas del Estado, contribuyendo así a destruir cualquier asomo de lo que podría ser una sociedad próspera que sólo puede centrarse en la idea de que cada quién genere su propio nivel de ingresos.

- ¿Es en este amor y necesidad de “un pueblo de limosneros” por su líder, donde usted cifra el éxito político de Chávez?
- De ninguna manera. El éxito político de Chávez se centra en tres aspectos fundamentales: por un lado, las innegables dotes carismáticas personales del propio Chávez que sería estúpido negar. Tuve oportunidad de conocerlo y discutir con él personalmente y, ciertamente, al menos en 1998, había que tener “las ideas bien puestas” para no dejarse subyugar por él. A esto deberíamos agregarle los ingresos petroleros más altos que haya tenido gobierno alguno. Y tercero, y para mí lo fundamental, es que la oposición en estos 10 años no ha logrado plasmar una sola idea capaz de enfrentarse a su propuesta. Pero lo más grave es que, aún hoy, a 10 años del proceso, no se ve por ninguna parte de la oposición ese conjunto de ideas. Lo más cercano que podríamos esgrimir hoy como una propuesta económica y política es, exactamente con 20 años de retraso, el programa de Pérez en el 89.

-¿No será, señor Gómez, que el tiempo de la derecha, simple y llanamente, pasó?
- No. De ninguna manera. El tiempo que sí pasó es el de la izquierda.

- En América Latina eso no es verdad.
- América Latina son dos cosas hoy: la izquierda radical, tradicional, comunista, sintetizada en el Alba, que sigue firmemente aferrada al marxismo leninismo, y la llamada izquierda democrática de Lula, Bachelet y Alan García, que asumen la única propuesta viable hoy: la defensa del capitalismo (por mucho contenido social que se le quiera dar) pero que no es de derecha ni de izquierda porque de lo contrario tendríamos que aceptar que la dirigencia del Partido Comunista Chino es de derecha.

- A usted lo han calificado de muchas maneras. ¿Qué siente cuando lo llaman fascista?
- Absolutamente nada.


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