Agotados y algo acostumbrados a que esto suceda en sus hogares, hay usuarios afectados que ya tienen diseñado un plan de contingencia para cuando la oscuridad reina en sus viviendas por algunas horas e incluso días.
Una pequeña gaveta con velas de distintos tamaños tiene Lorena Comas en su habitación, para cuando se produce suspensión del servicio.
“El año pasado los apagones fueron tan frecuentes que tenía que reponer las velas dos veces por semana”, comentó Comas, quien reside en la avenida Bolívar de Lechería.
Para Sergio Alcántara, la falla de luz se traduce en incomunicación y desastre porque además se queda sin agua ni teléfono fijo, el cual funciona con electricidad.
“Si el apagón es de día trato de irme de la casa. Si es en la noche me acuesto en el jardín interno, que es muy aireado y cargo la batería del teléfono en el carro por cualquier emergencia”, relató el corredor de seguros que vive en el centro de Barcelona.
Lorenzo Joseph, peluquero, deja de percibir ganancias cada vez que suspenden el fluido en la calle Guárico de Molorca.
“El problema que se presenta aquí es por fases. La luz no se apaga del todo, pero no se puede prender el secador. Cuando esto ocurre los fines de semana dejo de ganar un dineral”, dijo Joseph.
Los niños
Cuando en una casa viven recién nacidos y falta la energía, los padres pueden entrar en desespero.
Carla Sifontes, habitante de Isla Borracha, manifestó que cuando falla la luz, su pequeña hija de 4 meses le brota salpullido por el calor ya que dejan de funcionar los aparatos de aire acondicionado y los ventiladores.
“Le pongo sus monitos más frescos. Mi esposo la abanica con revistas, pero no para de llorar. Me indigna cuando nos quedamos a oscuras. Prendo una linterna que la tenemos en la cocina, pero no es suficiente”.
En la avenida Pedro María Freites de Barcelona, los morochos de la familia Álvarez los llevan a la casa de sus abuelos maternos en Sierra Maestra para recibir sus alimentos.
“No se puede licuar los teteros ni refrigerar. El calor los hace llorar porque sólo tienen 2 años. Mis hermanos los abanican y en la noche dormimos en el patio en unas colchonetas que usamos cuando vamos de viaje”, indicó Sonia de Álvarez.
Las pérdidas
Un ventilador, un televisor y un congelador dejaron de funcionar en la casa de José Antonio Soares, ubicada en Portugal, Barcelona.
“Aprendí la lección y compré un protector de voltaje para el aire que me costó Bs 75.500 y otro para la nevera por el que pagué Bs 42.500. Adquirir todo de nuevo me costó más de Bs 1 millón”. El comerciante señaló que además tuvo que botar alimentos descompuestos.
Hay residencias que cuando se interrumpe el servicio eléctrico falla el suministro de agua. Los vecinos tienen pipotes con el vital líquido para tareas esenciales como el aseo personal y la limpieza del hogar.
“Cada dos días vacío el agua de los potes y los lleno de nuevo. También hay que evitar el dengue”, expresó Douglas Santos.
La cifra






