DESDE PÍRITU.- A principios de los 70, la comunidad homosexual era absolutamente excluida por la conservadora sociedad caraqueña. Mientras la élite intelectual se cobijaba en actividades relacionadas con el diseño y algunas áreas culturales, las bases de ésta preferencia tomaban posiciones alrededor de la moda, siendo el salón de belleza el primer bastión conquistado.
Los hombres acudíamos a la clásica barbería a recibir un servicio muy específico, al tiempo que en la peluquería se catalizaban cambios por venir. El nuevo actor comercial se ganaba la vida dentro de su modo de ser, logrando construir un personaje excéntrico y glamoroso que, a pesar de estar atrapado entre el paradigma de imitar a la mujer y la utopía de superarla, ganó la confianza de ella hasta convertirse en su confidente y asesor en las más variadas materias.
Los nuevos cortes, peinados y a veces planchados de cabello, se extendieron a una larga lista de servicios, siempre en coexistencia con la tradicional consulta sentimental.
Ivonne, como muchas, optó por hacerse senos, glúteos y labios para evitar el abandono del marido, asesorada por su estilista de cabecera. Quedó desproporcionada, arruinada y sola por ignorar, entre otras cosas, que se enfrentaba a una contendora 20 años menor que ella.
Fue así como las damas entregaron ingenuamente el control de sus fantasías estéticas a manos de rivales camuflados de consejeros. Quienes no dudaron en colocar sus creaciones en el campo de la moda, los accesorios y el peinado en un primerísimo plano, muy por encima de ellas mismas. Adoptaron modelos de perfiles anoréxicos como vehículos ideales para difundir propuestas generalmente incompatibles con el común de la gente. Una primera etapa se quemó en éste nuevo centro de transformaciones no permanentes, pero la cosa no paró allí. En el fondo del intenso deseo por ser "diferente", subyacían valores de dominación colonial que no tardaron en manifestarse y a los que la sociedad de consumo supo explotar por partida doble.
Tras la obsesión por lucir cabello liso y rubio, afloró sin pudor el complejo de ostentar el perfil griego de nariz refinada, boca delineada y senos alzados. Todo acercamiento posible a la raza dominante fue bienvenido sin importar nuestro origen mestizo, que de fortaleza pasó a ser debilidad.
La cirugía de reconstrucción estética degeneró en plástica y abrió la santamaría del negocio en alianza estratégica con la dominación. Ya no tienes que vivir como Dios te trajo al mundo, puedes elegir formas, tamaños y también grosores. Pero hasta el momento, no se sabe de alguien que haya decidido cambiar la pigmentación de su piel blanca o implantarse un perfil afro en la nariz.
Entre tanto, varias madrecitas casi perfectas pero idénticas entre sí, esperan en el consultorio. Han llevado a sus hijos para que se parezcan más a ellas. Y pensar que todo comenzó en la peluquería.
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